“Reflexiones de Almuñécar”, por Rosa Tamayo Najarro

Rosa Tamayo Najarro. Almuñécar, mi Almuñécar…, como cantaba Ana Belén en una de sus canciones, a veces madre y otras madrastra.

Cómo me gustaría volver a ver a mis antepasados, aquellos hombres curtidos en el trabajo de los campos de chirimoyas, llenos de arrugas, de hambre y fatigas pasadas; sin más reloj que el sol, pero siempre con tiempo para sentarse a compartir bondades, risas y alegrías, dando importancia a lo que realmente lo tenía…

Escucharles en medio de tantos aprendizajes, el trabajo como tarea vital, corrían a regar, su turno de agua regulado tan sabiamente desde tiempos de los musulmanes y con agua suficiente para tener bajo los árboles un huerto de frutas y verduras para sacar adelante a la familia.

Hoy, cuando caminas por los carriles de la vega, parece que escucharas a los árboles clamar al cielo por el agua que no les llega, y a los agricultores reivindicar las tuberías para regar con el agua de dos presas, hoy llenas a rebosar, a unos kilómetros de nuestros campos. Mientras, nuestra agricultura agoniza.

¿Vamos a esperar que la vega se muera sin hacer nada? Recuerdo cómo, hace 30 años, algunos vecinos y amigos hasta fueron detenidos por darle voz a la vega, por pedir agua para nuestro pueblo. Hoy, tenemos que exigir a la Junta de Andalucía y al Estado que no deje agonizar el futuro de un enclave y un paisaje únicos en Europa. Las canalizaciones de Béznar-Rules pueden solventar el problema de la sed de los campos almuñequeros. Muchos años de promesas y decepciones, promesas electorales que acumulan 15 años de retraso a los que se podía poner solución con la tubería negra, que daría esperanza al futuro de tanta gente…

Almuñécar quererte tanto me cuesta nada. A veces madre y otras madrastra.

Me viene a la memoria aquellas mujeres almuñequeras, estirpe de las mujeres mediterráneas, cariñosas en su justa medida, sabias a pesar de que muchas no pudieron pisar una escuela. Hoy abuelas cansadas por el trabajo y el esfuerzo de sacar a sus familias adelante, que viven en una ciudad que necesita con urgencia una residencia donde vivir junto a los suyos, junto a sus raíces y tener el merecido descanso y atención que precisan.

No podemos dejar que pase más tiempo, porque no lo hay.

Quiero volver a mi memoria para intentar entender el presente. ¿Tanto nos hemos alejado de la realidad?

Almuñécar, a partir de los ochenta dio un salto de progreso, se transformó a la modernidad, abrió las puertas al turismo, como un pilar fundamental de nuestro desarrollo. Hoy todo está paralizado. Nuestros hijos han tenido que irse fuera, a buscarse la vida porque aquí no encuentran trabajo, oportunidades.

Y yo me pregunto, ¿qué dicen nuestros vecinos ante tanta falta de esperanza y futuro? Puede que la paciencia infinita se herede, pero me rebelo contra la injusticia y la mediocridad.

Me fui, me vine y me volveré a marchar, mi Almuñécar… a veces madre y otras madrastra.

Hablo a diario con familiares y amigos. Me trasmiten un sentimiento pesimista. ¿Qué ha pasado con esa bonita Almuñécar llena de vida? La dejadez que se ve en los aspectos cotidianos ha hecho que todos veamos Almuñécar como una cuesta arriba, llena de obstáculos, difícil de subir… ¿Cuántos jóvenes y no tan jóvenes tendrán que seguir marchándose o vivir frustrados en sus casas?

Os hablo a vosotros, a nosotros, almuñequeros, es hora de levantarnos… Almuñécar, ¡despierta!

Rosa Tamayo Najarro, vocal del Comité Local de Convergencia Andaluza de Almuñécar-La Herradura

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Archivado bajo Almuñécar, Opinión, Política

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