“Almuñécar, un futuro incierto”, por Ángel Ortega Fernández

Ángel Ortega Fernández. Son tiempos difíciles. Los ‘brotes verdes’ de la economía que se adivinaban en algunos territorios a inicios de 2020, han sido cortados de raíz por la crisis del coronavirus. La incertidumbre se ha instalado en nuestra sociedad y el cambio de hábitos y la vacuna son improntas de los nuevos tiempos. El escepticismo creciente, la frustración y la desafección están afectando, sin embargo, a unos lugares más que a otros.

En el caso de Almuñécar, la incidencia de la evolución económica, política y social de la última década nos ha abocado a una encrucijada perversa, ajena a la esperanza de un cambio de trayectoria, motivada por la progresiva destrucción del tejido productivo, condicionada por la ausencia de inversiones públicas y privadas, y una errática política local caracterizada por la falta de modelo de ciudad y la concreción de proyectos que consoliden una senda de crecimiento sostenible.

Las estadísticas revelan, reiteradamente, una trayectoria de decadencia que tuvo su inicio en el año 2011, cuando Trinidad Herrera llegó al gobierno merced a un pacto con antagonistas ideológicos que hoy sigue manteniendo Izquierda Unida, que le otorga la mayoría que el PP no obtuvo en las elecciones. La población empadronada entonces era de 27.754 habitantes, máximo histórico, con expectativas de futuro en todos los indicadores, a pesar de la incidencia de la crisis económica. Los datos del Instituto Nacional de Estadística publicados este mes son clarificadores. Almuñécar cuenta hoy con 25.927 personas censadas, 597 menos que hace un año, una bajada del 2%, siendo la única ciudad granadina de más de 20.000 habitantes que ha perdido población. Armilla está a punto de rebasarnos. Son 1.827 menos que en 2011, con una disminución porcentual del 6,6%, una auténtica sangría poblacional.

Estos datos no son fruto del azar, tienen causas endógenas. La principal, la destrucción del tejido empresarial, que se viene arrastrando en los últimos años. Con anterioridad a la crisis del Covid-19, el Anuario de La Caixa indicaba una pérdida de las actividades comerciales de un 32,2% en el último lustro. La decisión de cerrar el mercado municipal, arrastrando al cierre de multitud de negocios y la degradación comercial de su zona de influencia, no es ajena a estos datos, es de exclusiva responsabilidad municipal. Pérdida de empresas y comercios que se traducen en una tasa de paro que oscila entre el 25 y el 30%, con un desempleo juvenil siempre por encima del 50%, según el SAE.

Desde el gobierno local se ha generado una galopante inseguridad jurídica, auspiciada por la indefinición e improvisación del Plan de Urbanismo, que en vez de catalizador de inversiones, ha provocado una huida de inversores privados, sin que existan inversiones públicas de cierta entidad, más allá de anuncios sin concretar y propagandas cuajadas de triunfalismos estériles que, hoy por hoy, no vemos materializados. A ello tampoco ayuda el asfixiante aumento de la presión fiscal y la creciente endogamia burocrática, caldo de cultivo para la desconfianza y germen de arbitrariedades en los comportamientos.

A todo ello debemos añadir el insuficiente aprovechamiento de los recursos potenciales. De forma especial en dos ejes fundamentales de nuestra economía, la agricultura y el turismo. De las canalizaciones de riego del sistema Béznar-Rules, o de la tubería negra, que significarían la creación de unos 5.000 puestos de trabajo en el municipio, sólo sabemos que, tras 15 años de promesas, no hay ni un metro de tubería y que los presupuestos del Estado y de la Junta de Andalucía no tienen consignada partida presupuestaria para ellos. Sin que el gobierno local se ponga al frente y lidere las reivindicaciones de los regantes; al contrario, las ralentiza o diluye. Y en cuanto al turismo, los proyectos de instalaciones turísticas de calidad que se estaban tramitando en 2011, se guardaron sine die en algún cajón de la administración municipal, fruto de un pacto de gobierno con IU que aún sigue vigente.

Sin pretender ser exhaustivo…, ningún responsable municipal parece entender que debemos avanzar hacia la diversificación económica, el conocimiento y la innovación, con proyectos generadores de riqueza y empleo, como garantía de futuro para las nuevas generaciones. Si estos no se materializan, solo nos espera más precariedad y desigualdad, menos oportunidades, y seguiremos descendiendo peldaños en el escalafón provincial, dejando de ser referencia como municipio puntero.

Un futuro incierto se define ante nosotros. El inmovilismo y la confrontación del gobierno de la Sra. Herrera es una amenaza latente. Falta diálogo y consenso, con los agentes económicos y sociales, y también con los políticos. Desde el gobierno local no se impulsa la colaboración de todos para definir y trabajar juntos en una hoja de ruta con la que transitar hacia un futuro de esperanza e ilusión, de dinamismo económico. Y sin tener un rumbo claro y definido, el barco avanzará siempre… pero a la deriva.

Almuñécar, 14 de enero de 2021

Ángel Ortega Fernández.
Licenciado en Historia. Secretario de Convergencia Andaluza.

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Archivado bajo Almuñécar, Opinión

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