“A un pasito de la final”, por Manuel Alonso

Bandera del Granada CF

Manuel Alonso. Leía en “Panenka” que a Ray Loriga el fútbol le despierta “sentimientos grotescos”. Enferma el escritor madrileño cada vez que se acerca un partido ‘gordo’ de su equipo. Se deprime si no gana. Le cuesta dormir. El cabreo, incluso, puede durarle días.

Jorge Valdano, ex futbolista (campeón del mundo con Argentina en el 86) ex entrenador, escritor y colaborador, afirma que el fútbol es un pretexto para ser feliz. Una excusa por la cual, un país en depresión social y económica olvidaba sus problemas durante 90 minutos. Naciones enteras en régimen dictatoriales en las que los condenados en cárceles y sus vigilantes oían al unísono el transistor apoyando una misma causa se hacían realidad gracias a la pelota.

Les entiendo. A mí también me pasa. Mejor dicho: me pasaba, me pasa y me pasará. Otra cosa bien distinta es que me arrime al tópico hipócrita de “mañana tendremos el mismo dinero en el banco” ó “ni que el fútbol te de para comer”, con el objeto de quedar (más o menos) aseadito en público. Lo cierto es que hay seguidores que cenan tras una derrota, pero la comida, ya fuese el menú degustación de 500€ del más variopinto Chef, les dejará un regusto insípido. Otros van al cine a troncharse de risa con la última de Rovira después de lograr una victoria inútil en casa ante el Bilbao a sabiendas que no les resultará ni mucho menos divertida. Hay alguno, espero que seamos los que menos, que a las dos de la mañana estamos escribiendo.

El fútbol, además es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Las selecciones son un claro ejemplo: ¿Cómo juega Brasil? Divertido, con poco rigor, alocado… Carnavalesco, ¿cierto? ¿Y Alemania? Sistematizado, podrías ponerlos 300 minutos en vez de 90 y seguirían inflexibles sin perder la posición en ningún momento. ¿Qué tal Italia? Marrulletes, el único fin es ganar, lo del juego bonito para los de las bobadas de Cruyff. Y ciertamente no les ha ido nada mal.

Hace unas horas quedó apeado de la final de la Copa del Rey el Granada. Cierto que no soy fan del conjunto Nazarí, dejé de serlo desde aquel ruin último partido de la liguilla de ascenso a segunda división contra el Murcia allá por el 99 creo recordar. Sin embargo el resultado de anoche fue cruel. Mucho. Tanto que vi muy “tocado” a papá. Mi crío de 10 años no quiso ser menos y después de gritar a viva voz sendos goles Nazaríes que colocaban en la final de la Cartuja al conjunto granadino, acabó llorando. Y, muy probablemente, mi sobrino escaparía consternado del estadio de Los Cármenes. También me crucé varios “whats” con mi hermano intentando justificar que si el gol de Yuri viene por un error en la ayuda, o que si en Tenerife debió repetirse el penalti que muy probablemente hubiese eliminado al equipo vasco.

Quedémonos con lo bueno, a fin de cuentas no nos queda otra, hay gente que se enamora y es correspondido a primera vista, al segundo beso o al tercer chupito. Otros, por contra, cruzamos un paso de peatones con el semáforo en verde y nos atropella un coche.

#Fútbolesfútbol Volveremos.

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