Almuñécar: Firmum Iulium Sexi, legado romano

ALMUÑÉCAR. Por su clima privilegiado, de suaves temperaturas durante todo el año, y su situación al pie de un fértil valle tropical arropado por las sierras granadinas y asomado al Mediterráneo, Almuñécar ha sido un enclave codiciado por numerosas civilizaciones desde los albores de la historia.

Introducción

Llamada Ex por sus primeros colonizadores, los fenicios, durante el periodo romano se convertiría en floreciente ciudad de Firmum Iulium Sexi, que exportaba salazones de pescado y el preciado “garum” a todo el Imperio.

De su pasado fenicio-púnico dan fe la Necrópolis Laurita y la del Puente de Noy, mientras que de la Sexi romana se conservan monumentos como el imponente Acueducto, los Columbarios de La Torre del Monje y La Albina, la Factoría de Salazones o la Cueva de Siete Palacios, sede del Museo Arqueológico.

Pero sin duda fueron los árabes quienes dejarían en la localidad una impronta imposible de borrar. Entre las estrechas e intrincadas calles del casco histórico, con sus casas encaladas, aún puede respirarse la esencia de la Almuñécar andalusí, cuyos pobladores fueron testigos del desembarco de Abd al-Rahman I, fundador del Emirato Omeya, en el año 755. Las torres vigía que jalonan el litoral sexitano y el castillo de San Miguel que se yergue coronando la población son herencia de los alrededor de ochocientos años de presencia musulmana en la zona.

Los cristianos edificarían la Iglesia de La Encarnación, el Pilar de la Calle Real, el Palacete de La Najarra, edificio neo-islámico que alberga la Oficina Municipal de Turismo, o las esculturas que embellecen la población, como el Monumento a Abderramán I, el dedicado a los Fenicios o el Arco en honor a Blas Infante.

Romanos

Durante la Segunda Guerra Púnica entre Cartago y Roma se produciría la llegada de los romanos a la Península, en el año 218 a.C. Los pueblos del interior opusieron más resistencia a la dominación, mientras los de la costa levantina y andaluza, acostumbrados al contacto con otras culturas, se romanizarían con más rapidez.

La próspera población púnica de Almuñécar ya acuñaba moneda en el siglo III a.C. Bajo los designios de Roma no perdió su esplendor, ya que fue nombrada municipio romano en el año 49 a.C. con el nombre de Firmum Iulium Sexi. La principal actividad económica continuó siendo la industria del salazón de pescado, elaborando el preciado garum (especie de paté realizado con vísceras de pescado) que se exportaba a todo el Imperio. En los siglos I y II d.C. la Almuñécar romana vivió su esplendor.

Fue entonces cuando se construyeron obras públicas como el imponente Acueducto, algunos de cuyos tramos siguen utilizándose hoy en día en los regadíos tradicionales. Con más de 7 km de recorrido, su tramo más espectacular es el que transcurre por el barrio de Torrecuevas, junto al cauce del río Verde.

Los cinco acueductos que se conservan, el de Torrecuevas, los tramos I, II y III y el tramo de la Carrera de la Concepción en dirección aguas abajo del río Seco, conforman un conjunto de gran unidad, similar por su estilo al acueducto de Baelo Claudia (Bolonia, en Cádiz).

El tramo de Torrecuevas, de 130 m de longitud y con 17 arcos de luz normal y dos de luz reducida que flanquean uno normal, discurre por un bosque de aguacates y chirimoyos, un paisaje de gran belleza que hace aún más atractiva la visita a esta obra romana, declarada Bien de Interés Cultural, que ha sobrevivido a los avatares de la historia.

Otro monumento romano declarado Bien de Interés Cultural es la Cueva de Siete Palacios. Pertenece al conjunto de bóvedas que rodean el Cerro de San Miguel y se ubica en la zona de poblamiento originario de Almuñécar (Edad del Bronce), como muestran los restos arqueológicos hallados.

El edificio consta de una gran bóveda longitudinal con siete naves transversales, de donde procede la denominación popular del recinto como ‘Cueva de Siete Palacios’. Esta peculiar construcción romana es la sede del Museo Arqueológico Municipal, donde se exponen interesantes piezas arqueológicas pertenecientes a las distintas culturas que han pasado por Almuñécar a lo largo de la historia, incluyendo valiosas piezas egipcias llevadas a la antigua Sexi por los fenicios. Entre ellas destaca el vaso cinerario del faraón Apofis I, datado entre los siglos XVII y XVI a.C., que contiene el texto escrito más antiguo conservado en la Península Ibérica, y puede que en el Mediterráneo occidental.

Otras piezas destacables son el león fenicio procedente de la necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, del S.VII a.C., y el fragmento de una estatua de la diosa Minerva encontrado en la factoría de salazón de El Majuelo.

También se muestran varios vasos de alabastro egipcios, fragmentos pertenecientes a ajuares funerarios de las necrópolis fenicias de Almuñécar, piezas cerámicas, ánforas procedentes de intervenciones arqueológicas submarinas y monedas de la ceca de Sexi, ibéricas y romanas.

Todo un mundo por descubrir que hará disfrutar a los amantes de la arqueología, que podrán admirar, en un recinto único, el legado de todas las culturas que han pasado por esta bella ciudad asomada al Mediterráneo.
Al pie del casco histórico de Almuñécar se encuentra otro de los restos arqueológicos representativos de su pasado romano: la factoría de salazón El Majuelo.

De origen púnico, ya desde finales del S.V o principios del S.IV a.C. la elaboración de salazones de pescado constituía la principal actividad económica de la población, llegando a su apogeo en los S.I y II d.C. coincidiendo con el momento de máximo esplendor de la Almuñécar romana. En el S.IV d.C. esta industria, que había alcanzado renombre en todo el Imperio, vivió su decadencia.

Actualmente parte de la factoría se encuentra enterrada bajo el Parque Botánico El Majuelo, aunque puede contemplarse una amplia extensión de las piletas de salazón y estructuras excavadas en los años 70 y 80. Bajo los restos de lo que podría ser un templo romano se hallaron los restos del primer asentamiento fenicio en la zona, datado en el S.VIII a.C.

Fuera del ámbito urbano de Almuñécar se conservan numerosos vestigios romanos, desde villae o viviendas rústicas hasta construcciones funerarias como los columbarios La Albina y La Torre del Monje, declarado Bien de Interés Cultural.

Ambos columbarios fueron edificados en el S.I d.C., cuando Almuñécar alcanzó el estatus de municipio romano, y presentan en su interior nichos donde se colocaban las urnas funerarias con las cenizas de los difuntos. La Torre del Monje está situada a 2Km. de la localidad, en la carretera de Jete y La Albina en una loma sobre el Río Verde cerca de la carretera de Almuñécar y Salobreña.

Tras la caída del Imperio Romano en el año 476 d.C. y las invasiones de los pueblos germánicos, los visigodos se establecieron en la Península Ibérica.

En el año 711 los musulmanes desembarcan en las costas andaluzas, dando comienzo a una nueva etapa de la historia, esta vez bajo los designios del Islam.

Fuente: Patronato de Turismo de Almuñécar
Web: turismoalmunecar.es

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