El sábado se presenta en Almuñécar el libro ‘Cae la ira’, de Antonio Lara Ramos

presentacion libro antonio lara y andres cardenas (1)

Foto de archivo

ALMUÑÉCAR. La presentación tendrá lugar en la Casa de la Juventud (calle del Teatro, 6), a partir de las 21:30 horas.

El autor estará acompañado por el escritor y periodista Andrés Cárdenas y el historiador Ángel Ortega.

‘Cae la ira’ es un retrato de la sociedad española de la posguerra, en la que Antonio Lara Ramos se aproxima en un entorno rural a aquella realidad social y a los dramas que vinieron marcados por la supervivencia y las lacerantes represalias que practicaron los vencedores hacia los vencidos.

En ‘Cae la ira’ se entrecruzan, bajo la mirada de un niño, tres historias que hablan de la miseria padecida por las personas, el uso de la represalia como instrumento para la venganza y la lucha por el poder local como medio para el control no solo de la vida de un pueblo, sino también de sus gentes.

¿Por qué ‘Cae la ira’?

En palabras de su autor, la historia fue fraguándose lentamente como idea. Antes la precedieron historias y relatos escuchados en el entorno familiar sobre vivencias y calamidades vividas en aquellos tristes años de posguerra. Primero quedaron como meros apuntes o curiosidades, hasta que se fueron ensamblando y conectando entre sí en una idea más global, que dieron lugar a esta novela. Este título viene a reflejar el sentir que se percibía entre la gente. La ira, desatada anteriormente en la guerra civil, no había desaparecido de los sentimientos que dominaban las relaciones entre los españoles. Se mantuvo instalada en el devenir de la vida diaria de las familias y de las gentes de los pueblos y ciudades, lamentablemente para venganza de unos y sufrimiento de otros.

¿Por qué ese protagonista?

Se trata de un chico de unos once o doce años. Un niño despierto que, aun rodeado de la miseria que abundaba en aquella España de tantas estrecheces, aprendió pronto a buscar los recursos para la supervivencia. Pero ese niño era algo más, se trataba de un profundo observador de la realidad de su tiempo, con una agudeza y perspicacia inusuales para su edad. Una realidad que probablemente conecte con las vivencias que muchos de los lectores experimentaron o habrán escuchado, llenas de miseria, hambre, rencillas, sometimiento, represalias…

¿Era necesaria la mirada de un niño para contar la historia?

Escribir la novela en primera persona, dice el Antonio Lara que le obligó a escoger a un niño que experimentó tales vivencias, sobre todo por lo que significa la mirada de un niño: limpieza con que ve las cosas y la ausencia de contaminación vital a la hora de contarlas. En las palabras de un niño no suele haber prejuicios, valoraciones tergiversadoras de la realidad o intereses espurios a la hora de narrar, como sí ocurre en un adulto. Un niño tiene la inocencia del que accede por primera vez a un descubrimiento y la capacidad de sorpresa intacta. La mirada de un niño está libre de suspicacias, de rencores ancestrales, de todo lo que ensombrece la visión de un adulto.

En esta visión del mundo de este testigo privilegiado, capaz de conjugar lo real y lo irreal en una misma dimensión, ‘Cae la ira’ nos introduce en la desgarradora existencia de unas personas sometidas a las calamidades de la época, proporcionando al lector un cúmulo de sensaciones que harán apreciar la épica y la dignidad con que afrontaron los rigores de aquel tiempo.

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