‘LA PARTICIPACIÓN: Expresión política’, por Francisco Contreras

francisco-contreras-escribano-responsable-de-accion-institucional-de-podemos-motrilFco. Contreras Escribano. Los desafíos que presenta actualmente el quehacer político, no difieren en exceso de los que fueron afrontados en la llamada transición política, que condujo a la transgresión formal de la dictadura de Franco. Sin embargo, lejos de superar males, adquiridos y surgidos, caracterizados fundamentalmente por la improvisación y la corrupción, estos pasaron desgraciadamente a formar parte del actuar político recepcionado por la ciudadanía en forma de sensación de recelo, impotencia y desamparo soportado, aunque mal digerido.

La corrupción de la vida pública parece haber tomado carta de naturaleza a tenor de los cientos de casos surgidos en los últimos años, donde la “calidad delictiva”, supera al quantum. La falta de vinculación jurídica y social de los programas electorales que concurren a las elecciones que conducen en la mayoría de los casos a su no cumplimiento y consiguientemente a la burla con gran descaro de la voluntad popular. Con una ley electoral que no refleja adecuadamente la voluntad del pueblo reflejada en votos y la representación política representada en escaños, vienen a componer tres de los males más perniciosos de nuestro país.

Sin embargo, a tenor del papel que pueden llegar a jugar los municipios, bien pudieran constituirse en el contrapeso nivelador que corrija y garantice la necesaria decencia en la gestión de la cosa pública.

En principio suponen la plasmación más inmediata de participación política popular, al menos ese es el espíritu normativo recogido en diferentes leyes definitorias de la estructura político-administrativa, aunque es deseable una respuesta adecuada y motivadora en este sentido, de lo contrario el principio participativo carecería de la funcionalidad necesaria.

Necesitamos vencer la barrera que define el deseo de participar y la participación efectiva en la vida pública. Crear las bases y circunstancias para que el ciudadano/a adquiera una decidida voluntad de participación no debe significar un problema para la gestión, al contrario el hecho en sí mismo presupone una distribución de poder entre todos los miembros de la sociedad, lo que viene a ahondar y consolidar el sistema democrático. Es cierto que en los últimos años se observa un papel más protagonista de la ciudadanía en los asuntos municipales, pero ello no se debe expresamente a modificaciones legislativas favorables a tal fin, mas bien su origen hay que buscarlo en la llegada a cargos de concejales y alcaldes de políticos con una visión distinta a la hora de afrontar la problemática de sus ciudades. Las voces, cada vez más numerosas, argumentando en favor de la elaboración de presupuestos municipales participativos, es buena muestra de ello.

Por otra parte las promesas vertidas en los programas electorales se excluyen del control jurisdiccional, no se prevé en nuestro sistema ningún tipo de sanción por responsabilidad derivada de incumplimientos ni aún en el supuesto de haberse urdido a sabiendas de su imposibilidad con el propósito de valerse, mediante engaño, de la buena fe de los votantes para la obtención de cuotas de poder institucional, que si bien es un fin lícito en sí mismo, deviene cuando menos, contrario a la moral pública si su consecución va precedida de engaño por acción u omisión.

Y nuevamente son los municipios donde con menos frecuencia aparecen motivaciones electoralistas imposibles o de dudoso cumplimiento; las razones para su explicación pudieran deberse a una excesiva formulación generalista de los propios programas electorales, carentes de concreción en la mayoría de los casos y a una mayor fiscalización popular de la acción política del gobierno municipal. Fiscalización tornada en ineficaz si su concreción viene referida en exclusividad a la comprobación de actos políticos sin posibilidad de modificación de sus términos, bien sea por resistencia del gobierno municipal o en su caso por inacción ciudadana.

En todo caso, el proceso de cambio basado en la democracia representativa, hacia un modelo de democracia participativa, se está abriendo paso de mano del municipalismo, por la vía de los hechos consumados, frente a un poder que se resiste a tocar un sistema que durante muchos años les ha funcionado de manera “políticamente correcta”, eso sí, los límites impuestos por esa corrección suponen una barrera a la participación ciudadana, cuya superación corresponde al activismo político.

Francisco Contreras Escribano
Responsable de Acción Institucional
Podemos Motril

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Archivado bajo Motril, Opinión, Política

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