Turismo y especulación, por Francisco Fernández

Foto: Francisco Fernández 3ALMUÑÉCAR. Quienes llevan años insistiendo en la necesidad de abrir nuevos hoteles ocultan a la sociedad que su interés no está tanto en la explotación del negocio hotelero cuando en la realización de los enormes beneficios especulativos que se producen cuando se consigue levantar un hotel en un suelo no urbanizable que se ha comprado por un precio muy inferior al que tendría en un suelo urbanizable.

Hoteles y más hoteles. Da igual cómo y dónde. Si es necesario acabar con nuestros recursos naturales y saltarse la legislación urbanística, se salta en aras a conseguir empleo, bienestar y crecimiento económico. Por eso hemos visto en Almuñécar levantar bloques de diez plantas en calles donde todos los edificios tienen tres. Por eso hemos visto a la Delegación de Costas hacer un deslinde a medida que permitiese construir en un acantilado. Por eso hemos visto que se construían hoteles, uno detrás de otro, en suelos que tenían la categoría de no urbanizable, y saltándose todas las normas que la legislación tiene para permitir, como excepcional, ese tipo de construcciones.

El negocio es tan sencillo como conocido. Decenas, centenares de pleitos similares inundan los tribunales de justicia. En buena parte de los casos, los especuladores consiguen sacar adelante el suculento negocio gracias a la inactividad, cuando no complicidad, de las administraciones encargadas de supervisar el cumplimiento de la legalidad. En otros casos, algún funcionario cumplidor o algún político defensor de la legalidad urbanística, consigue que los tribunales paralicen o anulen el pelotazo.

La tarea es ardua y compleja. Los especuladores tienen mucho dinero y poderosos aliados. Por desgracia, la ley es una cosa y la justicia otra. Los ejemplos abundan. Lo que está sucediendo con el Algarrobico es un ejemplo paradigmático. El poder que se oculta detrás de esas cantidades ingentes de dinero puede llegar, no sólo a conseguir la práctica unanimidad de las fuerzas políticas locales, sino a sacar un tema judicial de la sala que ha de juzgarlo para llevarlo a otra más proclive.

Jugando con la desesperación del que no tiene empleo, estos especuladores que saben perfectamente que han actuado de forma ilegal, no tienen ningún problema en inventar cifras alucinantes de puestos de trabajo cuando se habla del futuro negocio, y no tienen problema alguno en situar la responsabilidad de su situación actual, a veces de manera ambigua, y a veces de manera directa, en quienes nos hemos opuesto a la especulación que en nombre del crecimiento se ha producido en este municipio.

En Almuñécar hay varios casos de hoteles ya abiertos que, según los tribunales de justicia, se han construido al margen de la ley, bien por superar el número de plantas, bien por exceso de edificabilidad, bien por haberse construido en un lugar inadecuado, o por una mezcla de todo ello. También se ha pronunciado la justicia en contra de algún hotel que se quedó en proyecto y de alguno que está a medio construir.

Todas estas sentencias esperan su cumplimiento y, por más que éste se dilate, el tiempo pasa inexorable. Quizá la redacción de un nuevo PGOU pueda resolver alguna de estas situaciones, pero no será tarea fácil para quien le toque gobernar estos próximos años. Al final, la corrupción beneficia a unos pocos y acaba creando problemas a la mayoría. Por eso es necesario, y urgente, acabar con ese modelo ruinoso que se vendía no hace tanto como el único motor del progreso.

Francisco Fernández
Responsable de Comunicación
IU Almuñécar

Firma Francisco Fernández

2 comentarios

Archivado bajo Opinión, Turismo

2 Respuestas a “Turismo y especulación, por Francisco Fernández

  1. María

    Los hoteles son necesarios para Almuñécar, generan muchos puestos de trabajo. Lo que hace falta es que los propietarios hagan una buena promoción para llenarlos y es que no todos los hoteles están bien gestionados.

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  2. Iván Guerrero

    Lamentablemente la codicia de unos pocos ha hipotecado el futuro de muchos. Se ha permitido construir sin orden alguno, sin un planeamiento urbanístico que permita al municipio crecer y desarrollarse de forma equilibrada. La fealdad impersonal ha prevalecido frente a una arquitectura popular y autóctona gestada lentamente, y con sabiduría, a lo largo de los siglos. Hay un máxima en la vida y es que la mediocridad sólo puede engendrar más mediocridad y cuando esta prevalece en la política o en quienes tienen capacidad de tomar decisiones las consecuencias, perversas, se suelen sentir durante generaciones. Para concluir, Almuñécar pudo ser y no ha sido.

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