La restauración del viejo vehículo de extinción de incendios de la Fábrica del Pilar devuelve una joya a Motril

MOTRIL. La autobomba, catalogada como Bien de Interés Cultural, es un valioso elemento patrimonial del complejo fabril cuya intervención ha dado un resultado espectacular y respetuoso con su hechura.

Coincidiendo con el inventariado de cientos de piezas, de todos los tamaños, que se está realizando en estas fechas y que hasta el momento se apilaban en el exterior de la Fábrica del Pilar, está a punto de culminar la restauración de uno de los elementos declarados como Bien de Interés Cultural de cuantos se integran en el complejo azucarero: el viejo vehículo de extinción de incendios.

Se trata de un modelo de la marca Renault, con una peculiar hechura y dimensiones adaptadas al entramado industrial de las diversas dependencias y naves de la fábrica y que, en ocasiones, ‘prestó servicio’ en la ciudad, en épocas en que en Motril no existía servicio de bomberos. La alcaldesa, Luisa María García Chamorro, ha insistido «en el magnífico trabajo que se está realizando desde la Concejalia de Patrimonio Industrial Azucarero, tanto a nivel de las grandes actuaciones en el recinto de la Fábrica del Pilar como en los pequeños detalles y este es una muestra de ello». García Chamorro agradeció la implicación de la entidad CajaSur quien, mediante un convenio con el Ayuntamiento de Motril, ha financiado un proyecto de recuperación de un vehículo «que estaba arrumbado y muy deteriorado y que ahora luce en todo su esplendor, con una restauración muy minuciosa que le ha devuelto todo el esplendor a una pieza única que también es historia de Motril».

De hecho, la concejala de Patrimonio, Magdalena Banqueri, explicó que el vehículo remolcable «es un testigo de los aconteceres de la fábrica y un ejemplo de la tecnología de los años 30 del siglo XX, lo que lo convierte en una joya que había que preservar a toda costa”. Banqueri felicitó al autor del trabajo, David Pérez Álvarez “porque ha realizado un trabajo que ha requerido una exhaustiva labor de investigación».

Precisamente, el autor (que ha contado con la valiosa aportación de su padre, Francisco Álvarez), ha resaltado la complejidad de una restauración «en la que hemos querido ser meticulosos, muy respetuosos con la pieza y devolviéndole el aspecto y esplendor que tuvo al principio de su vida útil». David Pérez destacó que el trabajo ha requerido el desmontaje completo de la autobomba y el tratamiento individualizado de todas las piezas y la eliminación de los sucesivos repintes de que fue objeto: «se han recuperado las piezas de bronce, de latón, de hierro fundido, hasta el más mínimo detalle incluidas las chapas identificadoras del vehículo. Un trabajo duro pero ilusionante», comentó Pérez.

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