Delirios del río, una doble propuesta estética: fotografía y poesía

LANJARÓN. El laboratorio Apinevada ha presentado, entre las actividades del Día del Libro, en el Museo de la Miel de Lanjarón la publicación Delirios del río, una doble propuesta estética que ensambla la fotografía de José A. Ramos y la poesía de Jorge A. Vega.

El fotógrafo José A. Ramos nos ofrece una inusitada perspectiva sobre la belleza del agua corriente. No se trata de fotografía documental ni ilustrativa, sino de una propuesta de poesía visual, más cercana a la pintura abstracta que al reportaje, por lo que las imágenes capturadas nos sumergen en una aventura de cromatismos polisémicos.

Los versos los aporta Jorge A. Vega, un maestro recién jubilado de la Enseñanza Pública que basa esta obra en la controversia entre la verdad y las ilusiones, entre el “ser y el no ser”, y opta por plantear juegos de lenguaje que interpretan la singularidad mortal del instante.

Verticalidad, pansexualismo, imposibilidad del amor e historia constituyen otros ejes que vertebran el poemario presentado. Cada imagen posee su reflejo especular en un delirio y, como afirma Concepción Fernández-Píñar en su prólogo, “no se entenderían estos poemas sin la belleza de las fotografías que los acompañan”.

Emociones estremecidas, visiones míticas y juegos de lenguaje se conjuran para conseguir una ruptura con la mirada ordinaria y adentrarnos en ámbitos no alcanzados por la mercantilización global, donde todavía cabe una esperanza para la naturaleza y el espíritu.

El gerente de Apinevada, José Orantes, acogió con entusiasmo esta iniciativa y no dudó en prestar apoyo y patrocinio. Su emotiva introducción nos retrotrae a un universo infantil, plagado de aromáticos recuerdos, cuando organizaba carreras de flores por las acequias, persiguiéndolas a toda pastilla para averiguar el desenlace ya cerca de la ermita de san Isidro.

Delirios del Río

La obra, parpadeante y fragmentaria, parte de una controversia antigua en la Grecia clásica, la establecida entre Parménides y Heráclito. La diosa reveló al filósofo de Elea la necesidad de conocer la inconmovible entraña de la Verdad, bellamente circular. De ahí su famosa sentencia “El Ser es y el No-ser no es”, toda una revolución en la historia del pensamiento, conectada con la sabiduría oriental que aconsejaba la desconfianza del conocimiento adquirido mediante los sentidos. Su concepción apunta a que el Ser, indestructible y eterno, es indivisible y existe en un continuo presente. Su quietud inalterable sólo puede comprenderse a través de la mente porque los sentidos brindan las apariencias del No-ser, meras ilusiones.

Por tanto, únicamente el pensamiento nos muestra la auténtica realidad. De esta forma inaugura el idealismo que posteriormente desarrollaría Platón, posibilitando las disquisiciones metafísicas, sentando las bases para una lógica de la identidad y, sobre todo, estableciendo una clara diferencia entre percepción sensorial y conocimiento racional. Más de mil años tardaría la humanidad en conceder cierta credibilidad a los sentidos a través del método científico. Por otra parte, Heráclito se inclina hacia la búsqueda de una forma de belleza basada en el equilibrio del alma humana con un cosmos que niegue el caos. “Lo uno diferente en sí mismo”, aquello de que nadie se baña dos veces en el mismo río.

El autor de los versos opta por el segundo al coincidir con Gianni Vattimo, al que le parece que la principal enseñanza de Heidegger (y también de Nietzsche) consiste en que el ser no es lo que está y no puede devenir, como afirmaba Parménides, sino que es lo que deviene, nace y muere, y así adquiere una historia y una cierta “permanencia” gracias a la multiplicidad concatenada de los significados y de las interpretaciones. Apuesta por una ontología del declinar, cuyo concepto del ser no se modela sobre la objetividad inmóvil de los objetos de la ciencia, sino sobre la vida, que es juego de interpretación, crecimiento y mortalidad. Se diluye así la sustancialidad de la metafísica tradicional y se dibuja una cartografía de la conciencia sin distancias entre objeto y sujeto, aunque el precio de la negación de la identidad conduzca a la locura en la que ya no se sabe quién mira a quién. ¿Son los ojos del río los que están puestos en el pueblo o es la humanidad quien contempla en trance hipnótico su incesante transcurrir?

Deja un comentario

Archivado bajo Alpujarra, Fotografía, Poesía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .