Seminario de Aikido impartido por el maestro Francisco Lebrón

Seminario de Aikido impartido por el maestro Francisco Lebrón

ALMUÑÉCAR. Una veintena de deportistas de Aikido llegados desde distintos puntos de Andalucía participaron en el seminario de perfeccionamiento impartido por el delegado regional y miembro de la Federación Española de artes marciales, Francisco Lebrón Laínez, cinturón negro y 6º Dan Aikido.

El evento, organizado por el Club Aikido Almuñécar que dirige Francisco Heredia, pretendía la mejora y promoción de este deporte, “al tiempo que unir lazos afectivos entre la practicantes del mismo”, según Lebrón.

Por su parte, Francisco Heredia, 3º Dan por la Federación Española, destacó los bloques que abarca, junto con las técnicas y cualidades que tiene el Aikido. Enseñanzas que se están transmitiendo a través de la escuela municipal que se reúne la tarde de los martes, jueves y viernes, a partir de las 20 horas. “Es decir incide la biomecánica, las cualidades cognitivas, la simetría….y al ser una disciplina muy técnica, hay que empezar a enseñar poco a poco”, explicó.

En la actualidad la Escuela de Aikido de Almuñécar oferta clases para las categorías: infantiles, juveniles, junior y sénior, “ya que esta disciplina es para todas las edades, a partir de los 6 años y hasta los octogenarios pueden practicar Aikido”, subrayó Heredia.

En Almuñécar, el perfil del practicante de este deporte es una persona “con inquietudes espirituales y metafísicas por una parte y, por otra, gente con inquietud defensiva”, señala el responsable de la Escuela sexitana de Aikido.

Historia y técnica

El Aikido es un arte marcial de origen japonés. Arte de combate que permite defenderse sin armas contra uno o varios adversarios armados o desarmados. La diferencia fundamental con otras artes marciales estriba en que busca disuadir al adversario y neutralizar su intención agresiva, más que derrotarle.

El Aikido fue creado por un incomparable budoka, Morihei Ueshiba quien superó la desigualdad entre el fuerte y el débil y abrió el camino del desarrollo de la personalidad por el pulimento cotidiano y constante del cuerpo y del espíritu. Dominó los secretos de las escuelas japonesas tradicionales, el Jiujitsu en varios de sus Ryus (Goto Yagu, Aioi, Kito, Daito), el Kenjutsu tradicional (sable), y el Sojutsu (lanza). De su síntesis extrajo los principios del budo que a partir de 1942 se denominó Aikido. Por ello la mayor parte de las técnicas de Aikido existen en efecto bajo una forma más o menos similar en una o varias escuelas de Jiujitsu y un buen número de las formas de base derivan de las artes de manejar la espada, el bastón o la lanza.

El practicante de Aikido utiliza técnicas de proyección y de inmovilización para desequilibrar o dominar a su adversario; puede también acompañar sus movimientos de una serie de “atemis”, es decir golpes en puntos vitales del cuerpo. Su ejercicio incluye la práctica con diversas armas. A diferencia de otras artes marciales, el Aikido excluye tajantemente toda idea de competición. A primera vista el Aikido, con sus bellos movimientos circulares podría parecer, en ocasiones, poco efectivo, sin embargo contrariamente a esa apariencia “blanda”, es en realidad “duro”, vigoroso y dinámico, con técnicas de probada eficacia.

El Aikido está dirigido a todo el mundo, cada uno puede practicarlo a su conveniencia en función de su edad, de su sexo y de sus posibilidades físicas, a condición de estudiar y practicar con continuidad y dedicación. Constituye una perfecta escuela de aprendizaje, experimentación y desarrollo de los valores morales y físicos del individuo. En definitiva, un completo método de educación:

Física, mejora la salud mediante: el desarrollo armonioso de todas las partes del cuerpo, el aumento de la elasticidad de las articulaciones, la corrección de la columna vertebral, el control de la respiración, la relajación.

Técnica, la ejecución de los movimientos exige: estudio del desequilibrio, conocimiento y utilización de la energía, desarrollo de los reflejos, psicológica, canaliza la agresividad de jóvenes a adultos, mejora la autoestima y autocontrol

Moral, por respeto al espíritu de no-violencia (que caracteriza al Aikido) y al Bushido (código de honor tradicional), el practicante adquiere y potencia valores como la amabilidad, la educación, la bondad, el coraje, la modestia y el autodominio.

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