En el siglo XVIII el gobierno del Reino de España proyectó la construcción del puerto marítimo de la actual provincia de Granada en la muy antiquísima ciudad de Almuñécar y cuyo valor comercial y estratégico, se explicita, sería considerable.
A conveniencia, al abrigo de los vientos y corrientes del levante y el poniente, este puerto de Almuñécar habría de ser el lugar por el que desembarcar y embarcar productos y mercancías de estas tierras abruptas de sur del antiguo reino nazarí.
No adoptada decisión a capricho en una época en que la protección de los puertos era cuestión crucial para defensa de corsarios, piratas, y potencias extranjeras con las que el Reino de España con frecuencia estaba en disputa.
Se construiría el puerto de Almuñécar al abrigo de las murallas y la artillería del castillo-fortaleza de San Miguel. Ubicación óptima, y de mejor defensa, que los avatares de la historia, la coyuntura política y económica del Reino abortaron para, con posterioridad, otorgar dicho privilegio a la localidad vecina de Motril.
Sea como fuere, y por justicia, Almuñécar puede y debe disponer de un puerto con dársena que ponga en valor su enorme potencial turístico y comercial siendo sus usos complementarios a los del actual puerto de Motril por ser de naturaleza bien distinta.
Europatropical agradece la colaboración de Manuel Mateos para la elaboración de esta información.

